La Rica (Chivilcoy) — El pueblo que parece el Edén bonaerense

La Rica (Chivilcoy) — El pueblo que parece el Edén bonaerense

Hay pueblos que uno visita porque los conoce de siempre. Y hay otros que aparecen en el radar casi de casualidad, con pocas referencias, y terminan siendo de los más lindos que uno recuerda.

La Rica es de los segundos.

Tenía vagas noticias del lugar, pero cuando empecé a investigar sentí que valía la pena el desvío. Y tuve razón. Más que razón.

Dónde queda La Rica

La Rica es una pequeña localidad del partido de Chivilcoy, ubicada a 20 kilómetros al sur de la ciudad cabecera, a la que se accede por la Ruta Provincial 30. chivilcoy

Su historia se remonta a principios del siglo XIX, cuando en la zona aledaña al Arroyo Las Saladas y la Cañada Rica ya había numerosas poblaciones establecidas y tierras fraccionadas para la cría de ganado. Fue en ese contexto que la familia López se instaló en la zona, fundando la estancia que le dio nombre al pueblo: La Rica. De esa familia surgieron figuras de intensa actividad política local, siendo Manuel López uno de los primeros intendentes municipales de Chivilcoy. chivilcoy

Con el auge ferroviario se establecieron en las inmediaciones dos estaciones ferroviarias con el nombre La Rica: una sobre el ramal Gorostiaga-Anderson del Ferrocarril Oeste, y otra sobre el trazado del Ferrocarril Midland. El asentamiento poblacional se fue constituyendo alrededor de esas estaciones. chivilcoy

Hoy La Rica es un pueblo tranquilo, muy pequeño, que sin embargo recibe visitantes de todo el país y del exterior gracias a su oferta de turismo rural. chivilcoy

Cómo llegar

Desde Capital Federal el recorrido más directo es tomar la Ruta Nacional 5 hasta Chivilcoy, y desde allí encarar hacia el sur por la Ruta Provincial 30. Son aproximadamente 220 kilómetros desde el Obelisco, unas dos horas y media de viaje.

En mi caso, ese invierno de 2019 llegué desde Chivilcoy, donde había pasado una mañana muy disfrutable. Incluso tuve el placer de presenciar un partido de pato —ese deporte ecuestre tan nuestro— acompañado por un choripán a la altura. Pero eso merece su propio post. Lo que quiero contar ahora es lo que encontré 20 kilómetros al sur.

[Mapa: insertar iframe desde Chivilcoy a La Rica por RP 30]

La llegada: algo cambia en el aire

Cuando uno entra a La Rica algo cambia.

No es fácil de explicar con palabras, pero hay una calidad particular en el ambiente del lugar. El sol de invierno se filtraba entre los árboles con esa calidez baja y dorada que solo tiene la estación fría. Los colores del otoño tardío todavía resistían en las copas: amarillos, ocres, algún naranja suelto entre el verde persistente.

Las fotos que saqué ese día lo muestran bien: la luz era perfecta.

La entrada al pueblo te recibe con una calle ancha bordeada por hileras de arces y plátanos que forman pasillos naturales. Esos árboles se extienden a lo largo de las pocas cuadras del pueblo y luego siguen, casi sin aviso, hasta perderse en los límites inmensos del campo abierto. Es una de esas imágenes que uno guarda y no olvida.

La Rica

El pueblo

La Rica es pequeño. Se recorre en poco tiempo si uno quiere. Pero yo recomiendo hacerlo despacio, sin apuro, prestando atención a los detalles.

Las calles son de tierra y ripio, perfectamente transitables. Las casas son bajas, antiguas, muchas de ladrillo a la vista, con esa arquitectura de principios del siglo XX que habla de solidez y permanencia. Algunas tienen frentes trabajados con molduras y detalles ornamentales —como ese edificio esquinero de color verde desvaído que me llamó la atención desde lejos— que en otro contexto pasarían por piezas de patrimonio arquitectónico destacado.

Pero lo que más me impactó fueron los jardines.

En La Rica, los jardines rebasan. Las plantas se derraman sobre los frentes, sobre las veredas, sobre los alambrados. Vi olivinas, moral de la China, palo de Brasil y hasta algunas palmeras conviviendo con especies más típicas de la llanura bonaerense. El verde es muy verde. Las flores son muchas. Hay una exuberancia tranquila en ese pueblo que contrasta con la austeridad del campo que lo rodea.

La Rica

La estación y el Parque La Vieja Estación

El corazón histórico del pueblo es, como en tantos otros casos, la zona de la antigua estación ferroviaria.

La Rica

Ese molino de estructura metálica que se levanta junto al tanque cilíndrico de chapa es una de las imágenes más características del lugar. Tiene la escala y la estética de las construcciones ferroviarias inglesas de fines del siglo XIX: funcional, sólida, sin ornamentos innecesarios. Fotografiado contra el cielo azul de ese invierno, era difícil no detenerse.

Los galpones de ladrillo que rodean la antigua traza ferroviaria están en distintos estados de conservación: algunos en pie y usados, otros con el techo parcialmente hundido y la vegetación ganando terreno. Pero lejos de dar tristeza, esas ruinas tienen un encanto particular. Son parte del paisaje, parte de la historia visible del pueblo.

Junto a todo eso, funciona el Parque La Vieja Estación: un espacio verde con juegos para chicos, arbolado generoso y ese cartel pintado a mano que le da al lugar un toque entrañable y muy pueblerino. Ideal para las familias que llegan el fin de semana.

La Rica

La capilla y la plaza

En el centro del pueblo funciona una capilla frente a la plaza chivilcoy, que cierra el paisaje urbano de La Rica con esa sencillez característica de las capillas rurales bonaerenses.

[FOTO larica_8: la capilla blanca con cruz, contraluz del sol de invierno]

La Rica

La fotografié a contraluz, con el sol casi encima, y esa condición de luz le dio a la imagen algo de sagrado involuntario. La fachada blanca con la cruz de madera, los árboles desnudos a los costados y el cielo azul de fondo: una postal.

Los caminos y el campo

Parte del encanto de La Rica está también en sus caminos de tierra que se pierden entre los árboles.

Hay algo muy especial en esos accesos. Los eucaliptos forman túneles sobre los caminos, las sombras se proyectan largas sobre la tierra colorada, y a lo lejos el campo se abre en una extensión que parece no tener fin. Es el tipo de escenario que uno recorre despacio, sin otro objetivo que el de estar ahí.

Una reflexión final

Dije al principio que tenía vagas referencias de La Rica. Y es verdad.

Pero si tuviera que recomendar un pueblo para alguien que nunca visitó el interior bonaerense, que no sabe bien qué esperar de un pueblo chico, que duda si vale la pena el viaje: le recomendaría La Rica sin dudar.

Es un lugar que no te pide nada. No tiene grandes atracciones ni cartelería turística. Solo tiene casas viejas con historia, jardines desbordantes, árboles enormes, silencio de calidad y una luz de invierno que parece diseñada para sacar fotos.

Si Dios en algún momento decidiera refundar el jardín del Edén en la provincia de Buenos Aires, La Rica sería un candidato serio.

Hasta la próxima, Diego

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