Atalaya (Magdalena) — Un pequeño pueblo sobre el Río de la Plata

Atalaya (Magdalena) — Un pequeño pueblo sobre el Río de la Plata

Hoy quiero contarles sobre mi última visita a un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires: Atalaya.

Fue un plan sencillo de domingo por la tarde, ideal para una salida tranquila cerca del Río de la Plata.

Salí de casa alrededor de las 14:00 y cerca de las 15:20 ya estaba llegando al pueblo.

Dónde queda Atalaya

Atalaya es una pequeña localidad del partido de Magdalena, en la provincia de Buenos Aires. Se encuentra sobre la costa del Río de la Plata, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

Es un pueblo chico, con pocos habitantes, rodeado de campo y con una fuerte relación histórica con el río. Durante el siglo XIX tuvo cierta importancia como puerto desde donde salían productos de la región hacia Buenos Aires.

Con el paso del tiempo esa actividad fue disminuyendo y el pueblo fue quedando como una pequeña localidad rural. Hoy Atalaya es conocido por su tranquilidad, por su cercanía al río y también por su tradicional panadería, famosa por sus facturas y pastelería artesanal, que atrae visitantes de distintos lugares.

Atalaya

Entrada de Atalaya

Capital provincial de la taba

El pueblo tiene además un dato curioso: Atalaya es considerada la capital provincial del juego de la taba, una tradición criolla muy arraigada en la cultura rural argentina. Incluso existe en la localidad un espacio destinado a la práctica de este juego tradicional, donde todavía hoy se realizan encuentros y demostraciones que mantienen viva esta costumbre gauchesca típica de la región.

Asociación Argentina de taba y Estadio Nacional de taba

Cómo llegar

El recorrido desde la Ciudad de Buenos Aires es bastante simple y se puede hacer en aproximadamente una hora y media o dos horas, dependiendo del tránsito.

Mapa del recorrido:

Desde el Obelisco (kilómetro 0 de la Ciudad de Buenos Aires) se puede tomar la Autopista Buenos Aires–La Plata y luego continuar por la Ruta Provincial 36, atravesando zonas rurales de la provincia.

Durante el trayecto se pasa por localidades como Lisandro Olmos, Poblet Bartolomé Bavio, rodeadas de campos abiertos, arboledas y paisajes típicos de la llanura bonaerense.

En Vieytes hay que tomar la ruta 20 en dirección a Magdalena.

Luego se toma la Ruta 11, que corre paralela al Río de la Plata, hasta llegar finalmente al acceso a Atalaya.

En mi caso el viaje fue aún más corto, porque salí desde Brandsen, recorriendo aproximadamente unos 80 kilómetros.

El pueblo

Como mencioné antes, Atalaya es realmente pequeño.

Tiene una calle principal —la calle 120—, desde donde salen distintos caminos que conducen hacia el río.

Uno de ellos es por calle 7 (Gran Zapiola), que lleva hacia un parador cercano al río. Es un camino angosto, por lo que conviene circular con cuidado ya que apenas permite el paso de un vehículo.

En mi caso decidí seguir por calle 3, que conduce hacia el balneario municipal de Atalaya.

Un pequeño rincón de devoción

Caminando por los alrededores del balneario también me encontré con algunos pequeños espacios de devoción que forman parte del paisaje del lugar.

Entre los árboles aparece un monumento dedicado al Padre Pío, representado en un mosaico sobre una piedra, acompañado por una cruz de madera. Es un espacio sencillo, pero muy cuidado, donde se ven flores y pequeños objetos que seguramente dejaron vecinos o visitantes.

Muy cerca también hay una pequeña gruta con una imagen de la Virgen, protegida dentro de una estructura de vidrio. Estos pequeños altares aparecen con bastante frecuencia en pueblos de la provincia y reflejan una tradición muy presente en muchas comunidades rurales: lugares donde la gente pasa, deja una oración o simplemente se detiene un momento.

La vida religiosa del pueblo también tiene su punto central en la Iglesia Santa Rosa de Lima, una pequeña iglesia que forma parte de la historia de Atalaya y que acompaña la vida de la comunidad desde hace muchos años.

En medio del silencio del lugar, rodeado de árboles y vegetación, estos rincones transmiten una sensación de calma y recogimiento que encaja muy bien con el espíritu tranquilo de Atalaya

Iglesia Santa Rosa

Iglesia Santa Rosa

Santuario del Padre Pío

Santuario de la vigen y cruz

El balneario municipal

Antes de llegar al balneario hay un espacio donde se puede estacionar el auto bajo los árboles, ideal para tomar mate o descansar un rato.

El predio cuenta con parrillas, por lo que muchas familias aprovechan el lugar para pasar el día. Cuando fui había bastante gente, pero todavía quedaban parrillas disponibles.

Quizás el único punto a tener en cuenta es que en algunas zonas no hay demasiado reparo para el sol, algo importante si se va a hacer un asado en verano.

También es importante saber que no se puede ingresar con el auto directamente al balneario, por lo que hay que dejarlo antes y caminar unos metros.

En mi caso estacioné a unos 400 metros de la entrada.

La costa del Río de la Plata

La playa me gustó mucho.

Está llena de árboles y tiene muchísima sombra. Desde allí se tiene una vista muy abierta del Río de la Plata, que en este sector se ve realmente inmenso.

El agua tiene ese color marrón característico del río, que cambia según la luz de la tarde. A esa hora el paisaje se vuelve muy tranquilo.

Se siente el olor del pasto y de la vegetación costera, mientras el viento mueve suavemente los árboles. En el silencio aparecen los sonidos de aves que sobrevuelan la zona o se esconden entre los juncos.

Es un lugar muy agradable para:

  • caminar
  • tomar mate
  • hacer picnic
  • disfrutar del paisaje
  • o simplemente sentarse a mirar el río

Balneario municipal de Atalaya

Pesca en el espigón

Como soy aficionado a la pesca, decidí caminar hasta el espigón, donde se puede practicar esta actividad.

El camino hacia allí atraviesa sectores con bastante vegetación, senderos entre árboles y malezas.

Si bien se puede pescar desde la punta del espigón, también hay varios accesos laterales hacia el canal que conecta con el Río de la Plata.

Actualmente uno de los puntos negativos es que el lugar no tiene demasiado mantenimiento, por lo que en algunos sectores la maleza dificulta el acceso, especialmente si se lleva mucho equipo.

Por eso recomiendo ir con un equipo simple.

En mi caso llevé:

  • una reposera (aunque también se puede pescar sentado en las piedras)
  • una mochila pequeña
  • agua y algunas galletas
  • una caña telescópica
  • una línea de boga con plomo corredizo de 30 gramos

Estuve pescando alrededor de una hora y media.

Rio de la Plata - Atalaya

El pique fue bastante escaso. Había llevado masa picante, que suelo usar para pescar carpas en el río Salado y que también puede funcionar para carpas o bogas del Río de la Plata.

En otros momentos también puede ser un lugar interesante para intentar algún doradillo con carnada fresca.

Más allá de la pesca, el entorno hace que la experiencia valga la pena incluso cuando el pique no acompaña.

Rio de la Plata - Atalaya

Espigón y vista al canal interno con salida al Río de la Plata

Una pausa antes de volver

Después de pescar me quedé un rato descansando bajo la sombra de los árboles, hidratándome y disfrutando del paisaje.

Más tarde, cuando el sol empezó a bajar, caminé tranquilamente de regreso hacia el auto.

Antes de irme aproveché para tomar unos mates acompañados con una excelente pastafrola de membrillo, que fue el cierre perfecto para la tarde.

Cerca de la vieja estación de tren de Atalaya también pude ver algunos paisajes muy pintorescos que me permitieron sacar varias fotos.

Plaza central y estación Atalaya

Un lugar para volver

Fue una jornada muy linda.

Atalaya es un pueblo pequeño, tranquilo y con mucho encanto. Ideal para una escapada corta, para pasar el día junto al río o para disfrutar de una jornada de pesca.

Como todavía tenía algo de tiempo antes de volver, decidí seguir viaje hacia Magdalena, que está a solo 8 kilómetros.

Pero eso lo vamos a ver en una próxima entrada

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